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<journal-title>Conversations Across the Field of Dance Studies</journal-title>
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<article-title>&#8220;Si T&#250; No Sabe Kokobal&#233;&#8221; y el reclamo por la memoria colectiva como praxis de liberaci&#243;n</article-title>
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<surname>Carlo</surname>
<given-names>Isabel Padilla</given-names>
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<pub-date publication-format="electronic" date-type="pub" iso-8601-date="2025-12-04">
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<abstract>
<p>El art&#237;culo explora los factores que condujeron a la exclusi&#243;n del kokobal&#233;, una danza afrodiasp&#243;rica ancestral de combate con palos y machetes, de la memoria colectiva y el repertorio som&#225;tico puertorrique&#241;o. Partiendo de la poes&#237;a l&#237;rica de fahima ife, el pensamiento archipel&#225;gico de &#201;douard Glissant y el concepto de subrogaci&#243;n de Joseph Roach, el escrito sostiene que el kokobal&#233; est&#225; inscrito dentro de una red de conexiones interinsulares a lo largo del Caribe y representa una conciencia cimarrona anticolonial persistente en Puerto Rico. Como danza de combate, el origen de los elementos coreogr&#225;ficos del kokobal&#233; se pueden rastrear a tradiciones de &#193;frica occidental como el n&#8217;golo. Sin embargo, esta investigaci&#243;n no se enfoca en identificar un &#250;nico punto de origen, sino en considerar rutas migratorias alternativas, incluyendo la historia especulativa propuesta por Carlos &#8220;Xiorro&#8221; Padilla que sugiere que el kokobal&#233; se incorpor&#243; al batey tras la Revoluci&#243;n haitiana. En lugar de reforzar narrativas dominantes de naci&#243;n, extinci&#243;n o autenticidad, el art&#237;culo se adentra en la opacidad hist&#243;rica de la danza de combate y en los modos en que se excluy&#243; del imaginario social blanqueado de Puerto Rico, y examina a la vez c&#243;mo practicantes contempor&#225;neos del kokobal&#233; reimaginan la pr&#225;ctica para seguir forjando futuros decoloniales. El an&#225;lisis de performances del Proyecto Kokobal&#233; y Estudio 353 destaca c&#243;mo el resurgimiento del kokobal&#233; ha sido posible mediante la experimentaci&#243;n coreogr&#225;fica, la organizaci&#243;n comunitaria y el activismo digital. A medida que las nuevas generaciones encarnan esta danza de combate, llegan a comprender las historias combativas de sus antepasados y reafirman el v&#237;nculo inseparable que existe entre la herencia cultural y la lucha continua por la liberaci&#243;n de Puerto Rico.</p>
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<kwd-group>
<kwd>danza de lucha con palos</kwd>
<kwd>danza de combate</kwd>
<kwd>folclore</kwd>
<kwd>bomba</kwd>
<kwd>Puerto Rico</kwd>
<kwd>conocimiento encarnado</kwd>
<kwd>pensamiento archipel&#225;gico</kwd>
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<title>Introducci&#243;n</title>
<p>Mientras los sonidos familiares del cu&#225;, de la maraca, del buleador y del subidor inundan el espacio, la comunidad se re&#250;ne para formar el batey, algunes agarrando el borde de sus faldas, otres, sus pa&#241;uelos de colores, pero todes con ganas de hacer que sus cuerpos hablen.<xref ref-type="fn" rid="n1">1</xref><sup>,</sup><xref ref-type="fn" rid="n2">2</xref> El buleador mantiene un ritmo constante, mientras la primera participante entra al espacio del batey e inclina la cabeza en gesto de deferencia hacia les tocadores de los barriles. No tarda en escucharse el sonido agudo que proviene de cada golpe diestro del subidor, un sonido que interpreta y responde al chasquido de la falda de la improvisadora. Bajo cada conversaci&#243;n entre la improvisadora y el barril, bajo cada lanzamiento de brazo, balanceo de hombro, pisada y giro, subyace un archivo encarnado. Desde la pareja de abuelites que recuerdan los movimientos que ejecutaron en su juventud, hasta les sobrines que idean formas nuevas de desplegar el pa&#241;uelo para complementar su &#225;gil juego de pies, cada interacci&#243;n forma parte de la memoria colectiva que preserva la bomba y sigue innovando su forma y su pr&#225;ctica. Entre la multitud, solo unes poques practicantes empu&#241;an largos palos de madera, manej&#225;ndolos como machetes. Algunes se preguntan si lo que tienen ante s&#237; es una pr&#225;ctica externa que se cuela por el espacio del batey; a lo mejor otres la reconocer&#225;n como una vieja tradici&#243;n olvidada con el paso del tiempo. No obstante, estes practicantes dicen &#161;presente!, se inclinan en se&#241;al de respeto hacia les tocadores, como lo hicieron les dem&#225;s bailadores anteriormente, y comienzan la danza de combate llamada kokobal&#233;.</p>
<p>Yo me encontraba entre la multitud que desconoc&#237;a esta danza de combate. Incluso siendo boricua, nacida y criada en Puerto Rico, nunca me hab&#237;a topado con esta pr&#225;ctica. Despu&#233;s de presenciar el kokobal&#233; por primera vez, le pregunt&#233; a mis amistades, colegas y familiares de edad avanzada si sab&#237;an algo al respecto, pero nadie ten&#237;a recuerdo alguno de la tradici&#243;n. Por eso, escribo como espectadora y como estudiante novata de este arte, investigando las razones por las cuales el kokobal&#233;, a diferencia de la bomba, no se ha recordado de la misma manera ni incorporado como parte de nuestra memoria colectiva. A medida que me sumerjo en esta investigaci&#243;n, mi conexi&#243;n con esta pr&#225;ctica atraviesa una transformaci&#243;n deliberada. El kokobal&#233;, antes envuelto en una sombra de incertidumbre, ahora se ha grabado en mi memoria y contin&#250;a moldeando mi perspectiva sobre la historia puertorrique&#241;a, una historia que se desarrolla sobre un trasfondo de resistencia. A partir de algunos de los m&#250;ltiples factores que han contribuido a la exclusi&#243;n del kokobal&#233; de la memoria colectiva y del repertorio som&#225;tico de Puerto Rico, el presente art&#237;culo busca fomentar una reflexi&#243;n que complejiza esta danza de combate afrodiasp&#243;rica. Alej&#225;ndose de las narrativas simplistas de naci&#243;n, extinci&#243;n y autenticidad, este trabajo se centra en la relacionidad: echa un ojo al pasado del kokobal&#233;, reconoce sus capacidades y ampl&#237;a nuestra comprensi&#243;n acad&#233;mica de la pr&#225;ctica hacia futuros decoloniales esperanzadores. Con el objetivo de contribuir al campo emergente de la danza experimental en Puerto Rico, as&#237; como a los estudios sobre la bomba que examinan las puestas en escena folcl&#243;ricas del cuerpo negro, este trabajo explora c&#243;mo les practicantes contempor&#225;neos del kokobal&#233; se enfrentan a los silencios de los archivos, adoptan una reinvenci&#243;n creativa de lo que significa bailar kokobal&#233;, y se insertan de manera radical en espacios que hist&#243;ricamente han excluido lo afroboricua de lo contempor&#225;neo, el aqu&#237; y ahora puertorrique&#241;o.</p>
<p>Gracias a los esfuerzos de l&#237;deres comunitarios de las familias Cepeda y Ayala, junto con muches otres practicantes de los pueblos costeros de Lo&#237;za, Mayag&#252;ez, Ponce y San Juan, la bomba, un g&#233;nero musical y forma de danza afrodiasp&#243;rica, perdura como una herramienta crucial tanto para la sanaci&#243;n como para la resistencia entre les boricuas en el archipi&#233;lago y en la di&#225;spora global. A trav&#233;s de generaciones, estas familias l&#237;deres han transmitido un conocimiento encarnado, navegando un per&#237;odo en el que la bomba enfrent&#243; una fuerte estigmatizaci&#243;n. No obstante, a pesar de la existencia de una extensa documentaci&#243;n y esfuerzos de preservaci&#243;n e investigaci&#243;n dedicados a la bomba en las &#250;ltimas d&#233;cadas, el kokobal&#233;, una pr&#225;ctica de movimiento hist&#243;ricamente fomentada dentro del escenario de la bomba, ha sido oprimida, borrada y dizque olvidada. El kokobal&#233;, o su variaci&#243;n ortogr&#225;fica &#8216;cocobal&#233;&#8217;, consiste en juegos de lucha con machetes y palos que proporcionaban a los individuos esclavizados una forma de entrenar maniobras enga&#241;osas y t&#233;cnicas defensivas para situaciones de vida o muerte. En el kokobal&#233;, les bailadores colocan sus palos de cu&#225; o machetes en el centro del batey para formar una cruz.<xref ref-type="fn" rid="n3">3</xref> Les bailadores rodean las armas y realizan piquetes, bailes individuales improvisados. Seguidamente, les bailadores se lanzan r&#225;pidamente hacia adelante, mientras uno reclama el arma que qued&#243; encima y lanza un ataque, mientras el otro agarra el arma de abajo para defenderse.</p>
<p>No es una coincidencia que el kokobal&#233;, como un pseudo arte marcial y danza, no se haya preservado con la misma frecuencia que la bomba, ya que hace expl&#237;citas las &#8220;coreograf&#237;as cimarronas&#8221; de la poblaci&#243;n esclavizada en Puerto Rico y su resistencia organizada y combativa contra los terratenientes. Como herramienta, artefacto y arma, el machete desentierra recuerdos de instancias cercanas y distantes de rebeli&#243;n; la hoja afilada del machete posee un precedente centenario que se rearticula en nuestros movimientos colectivos contempor&#225;neos.<xref ref-type="fn" rid="n4">4</xref> El kokobal&#233; presenta un gesto inequ&#237;voco de liberaci&#243;n en el uso combativo del machete. En lugar de asociarse con su funci&#243;n agraria &#8220;productiva&#8221;, el machete se reconfigura como el arma elegida para la rebeli&#243;n y el cimarronaje. En su art&#237;culo &#8220;Cimarr&#243;n and the Reordering of the Living World&#8221;, Ileana M. Rodr&#237;guez-Silva rastrea el significado del t&#233;rmino &#8216;cimarr&#243;n&#8217; a trav&#233;s de varios puntos en la historia. El t&#233;rmino derivado del espa&#241;ol emergi&#243; a principios del siglo XVI para describir animales salvajes o poblaciones ind&#237;genas que elud&#237;an el control colonial, para despu&#233;s asociarse principalmente con esclavos africanos fugitivos. Aunque el t&#233;rmino funcionaba como una &#8220;tecnolog&#237;a de otredad&#8221;,<xref ref-type="fn" rid="n5">5</xref> como se&#241;ala Rodr&#237;guez-Silva, fue &#8220;a trav&#233;s del [cimarr&#243;n] y su inquebrantable sentido de autonom&#237;a individual, autosuficiencia, voluntad fuerte y alta capacidad para la organizaci&#243;n pol&#237;tica&#8221; que, con el tiempo, el cimarr&#243;n evolucion&#243; hacia una figura pol&#237;tica potente a trav&#233;s de la cual las comunidades afrodiasp&#243;ricas en Am&#233;rica Latina y el Caribe afirmaron su propia humanidad.<xref ref-type="fn" rid="n6">6</xref> En el siglo XX, la figura del cimarr&#243;n se asociaba principalmente a los hombres de clase trabajadora; sin embargo, en el siglo XXI, les activistas, en particular las mujeres y las personas cuir, han redefinido al cimarr&#243;n como un s&#237;mbolo que no solo desaf&#237;a legados coloniales, sino que tambi&#233;n cuestiona jerarqu&#237;as internalizadas de raza y de g&#233;nero.</p>
<p>Poner al kokobal&#233; en di&#225;logo con los marcos conceptuales del libro <italic>Maroon Choreography</italic> (2021) de fahima ife me permite pensar en una conciencia cimarrona que persiste en esta danza de combate y en la voluntad de quienes desean (re)encarnarla. Compuesto por tres poemas largos y un ensayo l&#237;rico, <italic>Maroon Choreography</italic> atiende a los legados de la fugitividad negra, desestabilizando concepciones lineales de la historia al resaltar la presencia y trascendencia continuas de aquelles que huyeron hacia &#225;reas rurales para resistir la captura. A partir de lo que plantea <xref ref-type="bibr" rid="B22">Andr&#233; Lepecki</xref> en <italic>Exhausting Dance</italic>, donde la coreograf&#237;a se entiende como aquello que disciplina el cuerpo, &#8220;mov[i&#233;ndolo] de acuerdo con las expectativas de cautiverio para la expresi&#243;n&#8221;, la escritura rebelde de ife se convierte en un tributo a los cuerpos que hist&#243;ricamente han rehusado, y contin&#250;an rehusando, las coreograf&#237;as impuestas por el sistema de la plantaci&#243;n.<xref ref-type="fn" rid="n7">7</xref> El texto se fundamenta en el concepto de &#8216;anacoreograf&#237;a&#8217;, que ife desarrolla a trav&#233;s de un compromiso con las ideas propuestas por <xref ref-type="bibr" rid="B26">Fred Moten</xref> en <italic>Black and Blur</italic>, particularmente su articulaci&#243;n de un &#8220;estado de fuga nativo de ser-compuesto&#8221;, un modo de negritud indeterminada que resiste las estructuras y mecanismos de la colonialidad.<xref ref-type="fn" rid="n8">8</xref> Impulsada por la evocaci&#243;n de ife de una &#8216;apertura anacoreogr&#225;fica&#8217;, redirecciono la met&#225;fora de vuelta al &#225;mbito som&#225;tico, ya que expande mi comprensi&#243;n de lo que la pr&#225;ctica fugitiva del kokobal&#233; ofrece a sus practicantes contempor&#225;neos:</p>
<disp-quote>
<p>hacer que un cuerpo, o una serie de cuerpos, se muevan juntos, al comp&#225;s de nada m&#225;s que la energ&#237;a de un momento, o de un afecto invisible, es una forma de comunicar m&#225;s all&#225; de la captura. esta danza, una danza abierta, lo que he empezado a considerar una apertura salvaje, anacoreogr&#225;fica, es el tipo de movimiento que hace que el cuerpo deje atr&#225;s el miedo. esta apertura anacoreogr&#225;fica, una danza lenta y minimalista, una danza rebelde, una danza duracional, es como imagino que se mueven los bailarines invisibles de la coreograf&#237;a cimarrona.<xref ref-type="fn" rid="n9">9</xref></p>
</disp-quote>
<p>Al configurar el prefijo &#8220;ana-&#8221; en la &#8220;apertura anacoreogr&#225;fica&#8221; propuesta por ife como signo de &#8220;repetici&#243;n&#8221; o &#8220;reiteraci&#243;n&#8221;, se revela c&#243;mo la voluntad anticolonial persistente, incrustada en la figura del cimarr&#243;n, se revisita o se replantea constantemente a lo largo del tiempo mediante la pr&#225;ctica del kokobal&#233;, a menudo con variaciones. La &#8220;apertura anacoreogr&#225;fica&#8221;, que tambi&#233;n puede interpretarse como &#8220;anarqu&#237;a&#8221;, alude a una cualidad de caos o disrupci&#243;n, en la que los propios principios de la danza de combate desaf&#237;an las convenciones, las restricciones y el control absoluto. El acto de recuperaci&#243;n y (re)performar el kokobal&#233; en el archipi&#233;lago&#8212;impulsado por iniciativas comunitarias como el Proyecto Kokobal&#233;, una organizaci&#243;n sin fines de lucro fundada y dirigida por Carlos &#8220;Xiorro&#8221; Padilla Caraballo, a quien entrevist&#233; para este art&#237;culo&#8212;no busca necesariamente reclamar dominio ni autoridad sobre la forma para convertirla en una pr&#225;ctica legible o comercializable. M&#225;s bien, como escribe ife, se convierte en un medio de &#8220;comunicar m&#225;s all&#225; de la captura&#8221; y, en el caso de Puerto Rico, m&#225;s all&#225; de la colonialidad. Por lo tanto, al recordar, reclamar y compartir la pr&#225;ctica del kokobal&#233;, sumamos estas coreograf&#237;as cimarronas a nuestro repertorio som&#225;tico y participamos de una praxis de liberaci&#243;n, imaginando colectivamente un futuro donde Puerto Rico sea soberano.</p>
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<title>Kokobal&#233; y el giro epistemol&#243;gico a &#8220;lo africano&#8221;</title>
<p>El kokobal&#233; se caracteriza por el confrontamiento, tal es as&#237; que el coro de la canci&#243;n de Rafael Cepeda, &#8220;Si t&#250; no sabe cocobal&#233;&#8221;, advierte: &#8220;Si t&#250; no sabe cocobal&#233;, no le vayas a tirar&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n10">10</xref> Como danza de combate, las fintas, los bloqueos y las paradas fundamentales del kokobal&#233; se encuentran tambi&#233;n en otras formas de baile y artes marciales del mundo circunatl&#225;ntico. Cuando Xiorro comenz&#243; su investigaci&#243;n encarnada sobre el kokobal&#233;, una de las primeras danzas de combate que estudi&#243; fue la capoeira afrobrasile&#241;a. Las ra&#237;ces de la capoeira se rastrean a la regi&#243;n sure&#241;a de Angola y a la pr&#225;ctica del n&#8217;golo, una danza de combate donde les practicantes realizan inversiones, patadas, esquivadas y barridas de piernas, acompa&#241;adas por m&#250;sica y cantos polirr&#237;tmicos para comunicarse con esp&#237;ritus ancestrales.<xref ref-type="fn" rid="n11">11</xref> Cuando el conocimiento corporal de danzas como el n&#8217;golo migr&#243; por el Pasaje del Medio hacia las Am&#233;ricas, su prop&#243;sito se extendi&#243; m&#225;s all&#225; de funciones espirituales o sociales previas, brindando a las personas esclavizadas m&#233;todos pr&#225;cticos de autodefensa. Estas danzas afrodiasp&#243;ricas tambi&#233;n ofrecieron, como se&#241;ala el etn&#243;grafo T.J. Desch-Obi, &#8220;un estilo de vida alternativo que prove&#237;a un sentido de pertenencia&#8221;, con filosof&#237;as, c&#243;digos de honor y se&#241;as de identidad que contribuyeron a un sentido de bienestar individual que trascend&#237;a el cuerpo f&#237;sico.<xref ref-type="fn" rid="n12">12</xref> Por consiguiente, las estrategias psicof&#237;sicas del juego de combate para la evasi&#243;n, la distracci&#243;n y el enga&#241;o conced&#237;an al practicante la capacidad de adaptarse a cualquier situaci&#243;n, mantenerse alerta ante el conflicto y fluir entre obst&#225;culos como el oc&#233;ano.</p>
<p>Aunque tanto estudioses como practicantes especulan sobre los or&#237;genes del kokobal&#233; en Puerto Rico, es plausible que esta pr&#225;ctica ya estuviera presente en el archipi&#233;lago antes de su identificaci&#243;n formal. El conocimiento de la danza de combate con palos se atribuye a &#193;frica Occidental y al n&#8217;golo; sin embargo, no se puede descartar el papel que desempe&#241;&#243; la migraci&#243;n entre islas en la formaci&#243;n de pr&#225;cticas similares en todo el Caribe. Por ejemplo, como ciudad portuaria, Mayag&#252;ez sirvi&#243; de destino para comerciantes, terratenientes y esclavizades obligades a abandonar el pa&#237;s por sus esclavizadores tras la Revoluci&#243;n haitiana; movimientos migratorios que se evidencian en las letras en franc&#233;s y kreyol de muchas canciones de bomba.<xref ref-type="fn" rid="n13">13</xref> En cuanto al kokobal&#233;, la b&#250;squeda por parte de Xiorro de la etimolog&#237;a del nombre de esta danza de combate le ha llevado a pasar de expresiones comunes utilizadas en Puerto Rico a t&#233;rminos que relacionan la danza con Martinica, Hait&#237;, Rep&#250;blica Dominicana, Cuba, Jamaica y Curazao.<xref ref-type="fn" rid="n14">14</xref> Es por ello que surgen muchos deslizamientos en el acto de recuperaci&#243;n, como se&#241;ala Julian Gerstin en relaci&#243;n con su propia investigaci&#243;n sobre kalenda, otra danza de combate con palos de Trinidad y Tobago, ya que categorizar todas estas pr&#225;cticas afrodiasp&#243;ricas es casi imposible, debido a la &#8220;amplia gama de referentes&#8221; de los nombres sobrevivientes y a la probable p&#233;rdida de muchos otros, optando en su lugar por identificar varios &#8220;estilos coreogr&#225;ficos&#8221; b&#225;sicos.<xref ref-type="fn" rid="n15">15</xref> Mapear estos estilos coreogr&#225;ficos junto con la presencia del palo o el machete en toda la regi&#243;n&#8212;tire mach&#232;t en Hait&#237;, kalenda en Trinidad y Tobago, bajan stick-licking en Barbados, danmy&#233; en Martinica, juego de man&#237; en Cuba, banot en las Islas Canarias, entre muchas otras&#8212;facilita la comprensi&#243;n de que, m&#225;s que una danza de combate &#8220;nacional&#8221; por excelencia de Puerto Rico, el kokobal&#233; forma parte de una red afectiva de danzas de combate afrodiasp&#243;ricas que une a la di&#225;spora africana a pesar de las historias fragmentadas de la regi&#243;n. Desvinculado de las fronteras geopol&#237;ticas impuestas que separan a Puerto Rico del resto del mundo circunatl&#225;ntico, el kokobal&#233; va m&#225;s all&#225; de lo que Joseph Roach describe como &#8220;la b&#250;squeda incesante&#8221; de or&#237;genes singulares y leg&#237;timos, de definiciones verdaderas, o incluso de una danza proto-caribe&#241;a de origen, que la mayor&#237;a de las veces se convierten en viajes &#8220;no de descubrimiento, sino de invisibilizaci&#243;n&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n16">16</xref></p>
<p>A partir de las reflexiones del poeta, fil&#243;sofo y cr&#237;tico literario martinique&#241;o &#201;douard Glissant sobre el archipi&#233;lago, en su libro <italic>Poetics of Relation</italic> (1997)&#8212;donde configura el archipi&#233;lago como un ensamblaje rizom&#225;tico de islas sin centro localizado y moviliza este arquetipo para su noci&#243;n de una &#8220;unidad dentro de la multiplicidad&#8221; diasp&#243;rica&#8212;es posible decir que los cuerpos de agua que rodean cada isla se vuelven fundamentales para la creaci&#243;n de una red archipel&#225;gica afrodiasp&#243;rica.<xref ref-type="fn" rid="n17">17</xref> El agua, como sitio de conexi&#243;n en las religiones y espiritualidades afrodiasp&#243;ricas, rompe con narrativas de estancamiento e insularismo donde las culturas isle&#241;as quedan aisladas debido al oc&#233;ano que las rodea. Parad&#243;jicamente, como se&#241;ala Rebeca Hey-Col&#243;n en su libro <italic>Channeling Knowledges: Water and Afro-Diasporic Spirits in Latinx and Caribbean Worlds</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B17">2023</xref>), aunque el agua parece separar cada isla, tambi&#233;n se convierte en el agente que provoca la circulaci&#243;n de los saberes y mundos de vida (<italic>lifeworlds</italic>) latinoamericanos y caribe&#241;os por toda la regi&#243;n. Desde una perspectiva material, o m&#225;s bien secular, el agua se convierte en el medio a trav&#233;s del cual los cuerpos viajaban de una isla a otra, ya fuera a trav&#233;s de la migraci&#243;n forzada o de encuentros voluntarios. Ampliando este an&#225;lisis al &#225;mbito espiritual, el agua tambi&#233;n &#8220;transporta a los muertos, los lwa, los misterios y los orishas&#8221;, junto con otros &#8220;conocimientos l&#237;quidos&#8221; que, seg&#250;n Hey-Col&#243;n, &#8220;han sobrevivido a ciclos desmesurados de violencia y siguen proporcionando fuerza y posibilidades m&#225;s all&#225; de lo secularmente conocible&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n18">18</xref> Mientras les puertorrique&#241;es lidian tanto con los legados de la esclavitud como con un presente colonial perdurable, la memoria del cimarronaje transmitida a trav&#233;s de estas danzas de combate, as&#237; como la voluntad combativa de los orishas Oy&#225;, Og&#250;n y Shang&#243;,<xref ref-type="fn" rid="n19">19</xref> con sus hachas y machetes en mano, nos recuerdan que nuestra lucha a&#250;n no ha terminado.</p>
<p>Antes de profundizar en las historias especulativas del kokobal&#233; en Puerto Rico, me gustar&#237;a referirme a la teorizaci&#243;n de Joseph Roach sobre la memoria, la subrogaci&#243;n y el performance en el mundo circumatl&#225;ntico. Roach afirma que &#8220;la memoria es un proceso que depende crucialmente del olvido, [a menudo] trabajando selectiva, imaginativa y perversamente&#8221; para llenar &#8220;supuestos vac&#237;os [que] tienen lugar en la red de relaciones que constituye el tejido social&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n20">20</xref> La creaci&#243;n del &#8220;Nuevo Mundo&#8221; y de la propia modernidad se llev&#243; a cabo mediante la violencia y el genocidio en Am&#233;rica y el Caribe, por lo que la propia premisa de &#8220;olvidar&#8221; la magnitud de estos actos constituye una coreograf&#237;a imperial de conquista y asentamiento. El olvido, seg&#250;n Glissant en <italic>Caribbean Discourse</italic> (1989), tambi&#233;n facilit&#243; &#8220;una no-historia impuesta&#8221; en el Caribe que depend&#237;a de la invisibilizaci&#243;n de las tradiciones afrodiasp&#243;ricas y, con ellas, de la memoria ancestral.<xref ref-type="fn" rid="n21">21</xref> Sin embargo, como se&#241;ala Roach, de modo conmovedor, &#8220;lo indecible no puede hacerse inexpresable para siempre: el modo m&#225;s persistente de olvido es la memoria imperfectamente diferida&#8221;, refiri&#233;ndose a lo que persiste en el performance circumatl&#225;ntico.<xref ref-type="fn" rid="n22">22</xref> El kokobal&#233; resulta un excelente estudio de caso de la noci&#243;n de &#8220;olvido incompleto&#8221;, ya que las historias que rodean esta pr&#225;ctica de movimiento fomentan una narrativa de extinci&#243;n, pero de alguna manera perdura. Como afirma Xiorro:</p>
<disp-quote>
<p>En Puerto Rico los efectos de la colonizaci&#243;n han sido inmensurables. Ha habido un intento sistem&#225;tico de borrar de nuestra historia, y as&#237; de nuestra conciencia colectiva, todo rastro de lucha, resistencia y revoluci&#243;n. La falsa imagen de una poblaci&#243;n ind&#237;gena, afrodescendiente y criolla sumisa son ejemplos de lo que llamamos mentes colonizadas las cuales intentan suprimir o negar cualquier acto de lucha y resistencia como el Kokobal&#233;.<xref ref-type="fn" rid="n23">23</xref></p>
</disp-quote>
<p>Mientras el machete sigue inspirando nuevas coreograf&#237;as cimarronas, las figuras del africano esclavizado &#8220;rebelde&#8221;, el cimarr&#243;n fugitivo y el kokobalero militante, se adaptan y transforman a trav&#233;s del tiempo, convirti&#233;ndose en un imaginario que nutre el pensamiento negro, feminista y decolonial en Puerto Rico.</p>
</sec>
<sec>
<title>&#8220;Si t&#250; no sabes kokobal&#233;&#8221;, observa sus historias especulativas</title>
<p>Xiorro teoriza que el kokobal&#233;, tal y como se practica y escenifica hoy en d&#237;a, surgi&#243; como consecuencia de la Revoluci&#243;n Haitiana.<xref ref-type="fn" rid="n24">24</xref> En el libro <italic>Esclavos Rebeldes</italic> (1981), el historiador Guillermo A. Baralt se&#241;ala que la bomba ayud&#243; la comunicaci&#243;n de estos esfuerzos de resistencia en todo Puerto Rico y el Caribe, ya que &#8220;el baile y el tambor creaban un sentido de cohesi&#243;n entre la poblaci&#243;n esclavizada&#8221; y tambi&#233;n funcionaba &#8220;como disfraz para encubrir los fines subversivos de los esclavos&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n25">25</xref> Despu&#233;s de la Revoluci&#243;n haitiana, las comunidades esclavizadas en todo Puerto Rico, particularmente en la regi&#243;n de Ponce, comenzaron a llevar a cabo planes para una sublevaci&#243;n. A pesar de su secretismo, la sublevaci&#243;n de Ponce de 1826 fue delatada por informantes internos y, como resultado, veinticuatro conspiradores fueron condenados a muerte. A partir de entonces, el gobernador Miguel de la Torre decret&#243; nuevas regulaciones para dictar, restringir y vigilar la vida de la poblaci&#243;n esclavizada. Uno de estos reglamentos era la prohibici&#243;n de llevar los machetes m&#225;s all&#225; del puesto de trabajo para evitar el uso de esta herramienta como arma durante una revuelta. Como sugiere Xiorro, aunque es dif&#237;cil identificar la causalidad de la aparici&#243;n del kokobal&#233; en Puerto Rico, el Reglamento de 1826 pudo haber instigado un cambio en la forma de practicar la esgrima<xref ref-type="fn" rid="n26">26</xref> (el arte del machete). Las historias especulativas de Xiorro surgen de &#8220;intimidades&#8221; observadas entre Puerto Rico y Hait&#237;, que ofrecen interpretaciones alternativas sobre los silencios en nuestros archivos culturales para imaginar &#8220;lo que pudo haber sido&#8221; despu&#233;s de la revoluci&#243;n.<xref ref-type="fn" rid="n27">27</xref> Aunque especulativa, esta historia revela dos reverberaciones de la Revoluci&#243;n haitiana: una, que puede haberse manifestado materialmente, como se ve en las letras en franc&#233;s y kreyol de las canciones de bomba y los estilos coreogr&#225;ficos del kokobal&#233;, y otra, dentro del imaginario caribe&#241;o, a trav&#233;s de lo que Pedro Lebr&#243;n Ortiz denota como un &#8220;giro decolonial en la ontolog&#237;a&#8221; del sujeto afrocaribe&#241;o.<xref ref-type="fn" rid="n28">28</xref> Entonces, el kokobal&#233; opera dentro de este &#8220;giro decolonial&#8221; como un simulacro de liberaci&#243;n en el presente, un ensayo kinest&#233;sico de lo que est&#225; por venir para Puerto Rico y sus habitantes.</p>
<p>De acuerdo con la premisa de Xiorro, la forma en que se practica el kokobal&#233; en la actualidad indica que el Reglamento de 1826 podr&#237;a haber instigado las condiciones que llevaron a la inclusi&#243;n de estas danzas de combate a los bateyes comunitarios. Debido a la prohibici&#243;n del machete, los entrenamientos de combate deb&#237;an realizarse en el batey, protegidos por las cualidades musicales y bailables de la bomba, del mismo modo que la &#8220;m&#225;s inocente&#8221; samba proteg&#237;a la pr&#225;ctica de la capoeira.<xref ref-type="fn" rid="n29">29</xref> El batey fue uno de los pocos aspectos de la vida en las plantaciones que no se vio afectado por estas normas ya que los propietarios de las plantaciones permit&#237;an a las comunidades esclavizadas celebrar su fiesta semanal despu&#233;s de la misa dominical para evitar otra sublevaci&#243;n. El traslado del kokobal&#233; al batey podr&#237;a haber llevado a les practicantes a empu&#241;ar palos en lugar del habitual machete e incluso a incorporar elementos de la t&#233;cnica de la bomba, como la deferencia hacia les tocadores antes del &#8220;baile&#8221; o el duelo. Como resultado, tanto la bomba como el kokobal&#233; se cultivaban en el espacio comunal del batey, y m&#225;s all&#225; dentro de las comunidades cimarronas, como <italic>modus operandi</italic> crucial para la sobrevivencia. Mientras que la bomba alimentaba la vida interior de los individuos esclavizados y funcionaba como medio de comunicaci&#243;n corporal, el kokobal&#233; proporcionaba habilidades pr&#225;cticas para luchar contra el opresor. En conjunto, estas formas de danza hicieron posible el espacio de la contraplantaci&#243;n, definida por Quintero Rivera como una &#8220;formaci&#243;n social fugitiva [que] implicaba dos aspectos relacionados: la oposici&#243;n (econ&#243;mica) al trabajo esclavo y la oposici&#243;n (pol&#237;tica) al dominio del Estado&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n30">30</xref> La presencia del kokobal&#233; afirma una historia de resistencia y subversi&#243;n que contrarresta los ep&#237;tetos despectivos difundidos sobre el pueblo puertorrique&#241;o como d&#243;cil, perezoso, d&#233;bil y servil.<xref ref-type="fn" rid="n31">31</xref></p>
<p>Tras la abolici&#243;n de la esclavitud en 1873, la bomba fue &#8220;vigilada por las autoridades, considerada de mala reputaci&#243;n y una amenaza para una sociedad ordenada, un escrutinio que se ratific&#243; a&#250;n m&#225;s en el siglo XX cuando las &#233;lites criollas intentaron representar a los puertorrique&#241;os como sujetos blancos o, al menos, casi blancos&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n32">32</xref> De forma similar al C&#243;digo Penal de 1890 que criminalizaba la pr&#225;ctica de la capoeira afrobrasile&#241;a, los municipios de todo Puerto Rico prohibieron a principios del siglo XX el uso de instrumentos de percusi&#243;n &#8220;bomba&#8221; en espacios p&#250;blicos as&#237; como los bailes que los acompa&#241;aban. Peri&#243;dicos como <italic><xref ref-type="bibr" rid="B20">La Democracia</xref></italic> informaron del fen&#243;meno ya que los municipios siguieron el ejemplo de ciudades metropolitanas como San Juan y Arecibo en 1906, imponiendo estrictas prohibiciones a &#8220;los salvajes bailes de bomba y las serenatas nocturnas que molestaban grandemente al vecindario&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n33">33</xref> Seg&#250;n Xiorro, tras la abolici&#243;n de la esclavitud en Puerto Rico, el kokobal&#233; se sigui&#243; utilizando como un &#8220;m&#233;todo de resoluci&#243;n de conflictos donde las personas convert&#237;an el batey de Bomba en un &#8216;campo de honor&#8217;&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n34">34</xref> Aunque nunca se indic&#243; expl&#237;citamente, el kokobal&#233; tambi&#233;n estaba prohibido, ya que estas leyes municipales iban m&#225;s all&#225; del sonido del tambor y se extend&#237;an a las pr&#225;cticas som&#225;ticas de la bomba. Desafiando la prohibici&#243;n, estas tradiciones se transmitieron por medios clandestinos; no obstante, la criminalizaci&#243;n de la bomba afect&#243; su reputaci&#243;n negativamente. Tras la legalizaci&#243;n de los instrumentos de &#8220;bomba&#8221; el estigma perdur&#243; e incluso llev&#243; a algunos puertorrique&#241;os, as&#237; como a sus familias, &#8220;a distanciarse activamente de estos espacios&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n35">35</xref> Tambi&#233;n es importante se&#241;alar que el kokobal&#233;, como muchas otras danzas de combate afrodiasp&#243;ricas, pudo haberse envuelto por un &#8220;muro de secretismo debido a su relaci&#243;n con sociedades cerradas&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n36">36</xref> Por lo tanto, empezar a reconstruir la historia de esta danza de combate es tambi&#233;n observar lo que no est&#225; ah&#237; y concederle lo que Glissant describe como &#8220;el derecho a la opacidad&#8221;,<xref ref-type="fn" rid="n37">37</xref> un rechazo a ser totalmente transparente, comprendido, categorizado o legible a los ojos de una esfera mayoritaria.</p>
<p>D&#233;cadas despu&#233;s, la introducci&#243;n de la bomba en el folklore por el Instituto de Cultura Puertorrique&#241;a (ICP), fundado por el Gobernador Luis Mu&#241;oz Mar&#237;n en 1955, implic&#243; que pasar&#237;a a formar parte de un intercambio lineal unidireccional en el que la audiencia se convierte en consumidora, paga por un espect&#225;culo y se marcha sin reconocer el trabajo que se esconde detr&#225;s del tel&#243;n. Por el contrario, en la pr&#225;ctica comunitaria de la bomba, espec&#237;ficamente en el soberao, no existe una divisi&#243;n estricta entre espectadores y practicantes, ya que, en cierta medida, requiere la participaci&#243;n de todes como bailadores, tocadores, cantadores, o cuerpos (de llamada y respuesta). Por lo tanto, dado que la estructura del soberao resultaba dif&#237;cil de mantener cuando se representaba en el teatro y en otros escenarios tur&#237;sticos, las representaciones empezaron a coreografiarse, los movimientos a diferenciarse por g&#233;nero y el vestuario a codificarse; cambios realizados a menudo a expensas de sus practicantes femeninas. Lo que se representaba en hoteles, pel&#237;culas, televisi&#243;n y eventos culturales patrocinados por el estado se convirti&#243; en la imagen de la bomba que permaneci&#243; en la memoria colectiva de Puerto Rico durante el siglo XX y principios del siglo XXI. A medida que la reconstrucci&#243;n de la identidad nacional por parte del ICP relegaba lo afroboricua a un pasado idealizado, los miembros del p&#250;blico fueron, como expone Power-Sotomayor, &#8220;separados de los int&#233;rpretes no s&#243;lo espacialmente, sino tambi&#233;n temporalmente a trav&#233;s de los trajes de &#233;poca, distanciando efectivamente la bomba de las vidas inmediatas de los puertorrique&#241;os que ve&#237;an el espect&#225;culo&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n38">38</xref> La imagen de la bomba fabricada por el ICP, que durante a&#241;os permaneci&#243; en nuestra memoria colectiva, omiti&#243; las realidades vividas por las comunidades afroboricuas a favor de un espect&#225;culo as&#233;ptico que perpetuaba una identidad nacional blanca. Mientras tanto, pr&#225;cticas como el soberao y, por extensi&#243;n, el kokobal&#233;, llevaban una &#8220;doble vida&#8221;, salvaguardada dentro de las comunidades &#8220;internas&#8221; y difundi&#233;ndose en espacios m&#225;s all&#225; del escenario folcl&#243;rico.<xref ref-type="fn" rid="n39">39</xref></p>
<p>En una entrevista con Roberto Cepeda, el hijo de Rafael Cepeda, afirma que el kokobal&#233; se incorpor&#243; a los espect&#225;culos de bomba de su familia solo unas pocas veces durante los a&#241;os sesenta y setenta.<xref ref-type="fn" rid="n40">40</xref> La narrativa mostrada en estas exhibiciones folcl&#243;ricas no estaba expl&#237;citamente ligada al cimarronaje. En su lugar, Cepeda recuerda la representaci&#243;n de una relaci&#243;n amorosa y un enfrentamiento entre dos rivales:</p>
<disp-quote>
<p>Cuando nosotros mont&#225;bamos el n&#250;mero con la familia Cepeda, lo hac&#237;amos empezando con un hombre que le trata de enamorar la mujer al otro. Entonces el hombre viene y lo empuja y se intercambian palabras. Entonces ah&#237; viene uno y saca el palo y el otro saca el palo y ah&#237; rompe la bomba, los dos empiezan a bailar y los dos empiezan a ejecutar el baile. [&#8230;] Para crear la escena hab&#237;an [sic] mucha gente, mujeres que hablaban, gritaban y to&#8217; eso. Y as&#237; se hac&#237;a la coreograf&#237;a.<xref ref-type="fn" rid="n41">41</xref></p>
</disp-quote>
<p>Aunque estos juegos de lucha con palos tambi&#233;n &#8220;actuaban como una forma de resoluci&#243;n de conflictos&#8221; y estaban &#8220;ligados a un sistema social m&#225;s amplio de un c&#243;digo de honor reflexivo&#8221;, parec&#237;a haber una disonancia entre les practicantes y su p&#250;blico desconocedor.<xref ref-type="fn" rid="n42">42</xref> Los practicantes, que recreaban escenas con significados variados en contextos culturales espec&#237;ficos, se perceb&#237;an como agresivos cuando carec&#237;an de una narrativa c&#243;mica como la destacada anteriormente. Xiorro relata una conversaci&#243;n con Jos&#233; Cepeda, hijo de Don Jes&#250;s Cepeda y nieto de Don Rafael Cepeda, en la que ellos estaban &#8220;en medio de la tarima iban a hacer kokobal&#233; y la polic&#237;a los interrumpi&#243; pensando que iban a pelear de verdad&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n43">43</xref> Aunque estas representaciones escenificadas preservaban la t&#233;cnica del kokobal&#233; como una interacci&#243;n entre piquetes e intercambio de golpes, la ilegibilidad de la pr&#225;ctica, agravada por el estigma continuo del cuerpo combativo negro, dificultaba que se reprodujera en muchos espacios. Por esta raz&#243;n, Xiorro cree que el kokobal&#233; &#8220;sufri&#243; doble opresi&#243;n, una por ser una tradici&#243;n de origen africana y segundo por ser un arte de guerra que enfatizaba en la libertad&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n44">44</xref> Dicha afirmaci&#243;n destaca un elemento persistente, fugitivo y elusivo dentro de la pr&#225;ctica del kokobal&#233;, que perdura tanto debido a, como a pesar de, la continua vigilancia y violencia estatal dirigida hacia las poblaciones afroboricuas.</p>
</sec>
<sec>
<title>&#8220;El futuro es cimarr&#243;n&#8221;: (Re)imaginar el kokobal&#233; en el performance contempor&#225;neo</title>
<p>El &#8220;resurgimiento&#8221; del kokobal&#233; a la esfera p&#250;blica en a&#241;os recientes se&#241;ala una re(acci&#243;n) radical ante el agravamiento de las condiciones coloniales de la isla tras el paso del hurac&#225;n Mar&#237;a, una cat&#225;strofe clim&#225;tica que dej&#243; a la comunidad sin servicios esenciales como la luz y el agua por meses, desplaz&#243; a muchas familias con la destrucci&#243;n de 70.000 hogares y dej&#243; una cifra aproximada de 4.645 muertes.<xref ref-type="fn" rid="n45">45</xref> Sin embargo, el hurac&#225;n no origin&#243; estas condiciones precarias; simplemente intensific&#243; una precariedad estructural forjada hist&#243;ricamente por la extracci&#243;n colonial, las pol&#237;ticas neoliberales de austeridad y el abandono sistem&#225;tico del gobierno, tanto local como federal. Motivades por un esp&#237;ritu de autogesti&#243;n, definido por la acad&#233;mica feminista Karrieann Soto Vega como una &#8220;contrapraxis coalicional de supervivencia&#8221;<xref ref-type="fn" rid="n46">46</xref>, practicantes en el archipi&#233;lago y la di&#225;spora<xref ref-type="fn" rid="n47">47</xref> han asumido la tarea de experimentar con los movimientos del kokobal&#233; como estrategia para activar futuros cimarrones en el presente con cada tajo, esquiva y parada. Proyecto Kokobal&#233; fue fundado por Carlos &#8220;Xiorro&#8221; Padilla Caraballo con el apoyo de Marien Torres del Taller Tambuy&#233; y de su compa&#241;era y colaboradora Melissa Santos. Esta iniciativa nace de la experiencia de Xiorro, quien cuenta con m&#225;s de veinte a&#241;os como practicante de bomba y quince como artista marcial. Su primer encuentro con el kokobal&#233; fue en sus comienzos dentro de la bomba, y desde entonces la curiosidad lo llev&#243; a investigar a fondo esta pr&#225;ctica, comenzando con las historias orales de la familia Cepeda, una &#8220;biblioteca viviente&#8221; del conocimiento afrodiasp&#243;rico en Puerto Rico. En lugar de aceptar las narrativas de extinci&#243;n que rodeaban al kokobal&#233;, Xiorro adopt&#243; un enfoque de &#8220;pr&#225;ctica como investigaci&#243;n&#8221;, viajando a otras islas del Caribe para aprender y entrenar junto a practicantes de otras comunidades afrodi&#225;sporicas, utilizando esos intercambios como puntos de entrada a la t&#233;cnica &#8220;olvidada&#8221; del kokobal&#233;. En 2019, comenz&#243; a compartir estas coreograf&#237;as cimarronas ense&#241;ando a personas adultas en el Taller Tambuy&#233; en R&#237;o Piedras. En 2021, extendi&#243; su trabajo a la juventud de La Perla&#8212;una comunidad hist&#243;ricamente marginada pero muy presente en el imaginario colectivo puertorrique&#241;o&#8212;ofreciendo clases gratuitas y formando un grupo al que llam&#243; Lxs Peque&#241;xs Cimarronxs. Al compartir estas coreograf&#237;as, Xiorro le pasa el machete a la juventud, depositando en ella la responsabilidad de continuar y cuidar este saber ancestral. Como escribe Xiorro:</p>
<disp-quote>
<p>M&#225;s all&#225; de los beneficios f&#237;sicos y psicoemocionales que el Kokobal&#233; moderno puede proporcionar, siempre aparecer&#225;n nuevas formas de opresi&#243;n y esclavitud. Comprendiendo la naturaleza cambiante de este &#8220;viejo monstruo&#8221;, es urgente que investiguemos, rescatemos y promovamos el Kokobal&#233; para que las generaciones futuras tengan herramientas para identificarlo y combatirlo. Por eso siempre ser&#225; relevante el espacio de libertad y conspiraci&#243;n que nos brinda el espacio del batey dentro de la bomba y el esp&#237;ritu de resistencia, lucha y cimarronaje que nos brinda el Kokobal&#233; en la b&#250;squeda de nuevas libertades.<xref ref-type="fn" rid="n48">48</xref></p>
</disp-quote>
<p>Proyecto Kokobal&#233; no se limita a evocar una &#8220;conciencia cimarrona&#8221; como si fuera un artefacto est&#225;tico guardado en un museo; m&#225;s bien, la pone en pr&#225;ctica, la reactiva y la reinventa con cada movimiento, cada gesto y cada colaboraci&#243;n. A trav&#233;s del movimiento combativo, Xiorro no solo transmite la historia del cimarronaje en Puerto Rico, una historia que muchas veces est&#225; ausente o mal contada en la educaci&#243;n formal, sino que tambi&#233;n cultiva una comprensi&#243;n encarnada de la sobrevivencia f&#237;sica y cultural, una lecci&#243;n que se vuelve cada vez m&#225;s urgente, en un momento en que tantes puertorrique&#241;es siguen siendo desplazades de sus hogares.</p>
<p>En lugar de reforzar un proyecto de construcci&#243;n nacional, la recuperaci&#243;n del kokobal&#233; es elusiva y se resiste a ser contenida dentro de las fronteras geopol&#237;ticas de Puerto Rico. M&#225;s bien, se expande hacia el mundo circumatl&#225;ntico, reimaginando la identidad puertorrique&#241;a m&#225;s all&#225; de su relaci&#243;n cautiva con el imperio estadounidense, y situ&#225;ndola en di&#225;logo con Hait&#237;, la Rep&#250;blica Dominicana, Cuba, Brasil, Trinidad y Tobago, y &#193;frica Occidental, entre muchos otros territorios de la di&#225;spora africana. El compromiso de Xiorro con otras formas art&#237;sticas afrodiasp&#243;ricas para comprender m&#225;s profundamente la pr&#225;ctica del kokobal&#233; da lugar a lo que Paul Emiljanowicz denomina &#8220;contrapunto polirr&#237;tmico&#8221;, una met&#225;fora que utiliza para describir el &#8220;devenir sim-po&#233;tico&#8221; del enredo caribe&#241;o, donde &#8220;fronteras, mundos fronterizos, identidades y momentos de fundaci&#243;n se entrelazan, se performan, se co-constituyen y se cuestionan&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n49">49</xref> Al ampliar esta met&#225;fora al &#225;mbito de la danza, el policentrismo ofrece un marco no jer&#225;rquico en el que coexisten m&#250;ltiples puntos de origen del movimiento sin que cualquiera predomine como centro de autoridad. El &#8220;contrapunto&#8221; se convierte en un elemento generativo: en la m&#250;sica, se refiere a la interacci&#243;n arm&#243;nica entre dos o m&#225;s l&#237;neas mel&#243;dicas independientes, cada una con su propia integridad. En la danza, opera de forma similar: varios fragmentos coreogr&#225;ficos, cada uno con su calidad, sus propios usos del espacio y del tiempo, se despliegan simult&#225;neamente, aportando a una coreograf&#237;a colectiva y cohesionada. Este &#8220;contrapunto polirr&#237;tmico&#8221;, en resonancia con la noci&#243;n de &#8220;unidad en la multiplicidad&#8221; que plantea Glissant, ofrece un marco te&#243;rico para entender al kokobal&#233; y a otras danzas de combate del Caribe. Se trata de pr&#225;cticas situadas y espec&#237;ficas, pero a la vez profundamente entrelazadas. As&#237; como las condiciones sociomateriales particulares de Puerto Rico empujan y jalan al kokobal&#233; en distintas direcciones, esta pr&#225;ctica sigue siendo parte de una coreograf&#237;a regional m&#225;s amplia que se mueve y resiste frente a las fuerzas neoliberales y los legados de la esclavitud.</p>
<fig id="F1">
<caption>
<p>Figure 1: Carlos &#8220;Xiorro&#8221; Padilla y Pablo &#8220;Micha&#8221; Parra practicando kokobal&#233; acompa&#241;ados de Tato Torres, Frangie Rivera y Manuel P&#233;rez Kenderish en &#8220;Proyecto Kokobal&#233; y Taller Tambuy&#233;&#8221; (2019).</p>
<p><ext-link ext-link-type="uri" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="https://youtu.be/WPXBXuU3znc?si=JhPsiBsUWrkP7pru">https://youtu.be/WPXBXuU3znc?si=JhPsiBsUWrkP7pru</ext-link>.</p>
</caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="conversations-8513_carlo-g1.jpg"/>
</fig>
<p>Un v&#237;deo que documenta la &#8220;pr&#225;ctica como investigaci&#243;n&#8221; de Xiorro al principio de su proyecto de restauraci&#243;n de la t&#233;cnica en el 2020 presenta un duelo entre &#233;l y su oponente, Pablo &#8220;Micha&#8221; Parra, que no comienza con el choque de armas, sino con el sonido del buleador.<xref ref-type="fn" rid="n50">50</xref> Ambos practicantes se preparan para el duelo poni&#233;ndose en cuclillas junto a los palos de cu&#225; colocados en forma de cruz. Tras intercambiar un gesto de respeto con un apret&#243;n de manos, comienzan a lanzarse fintas, manteniendo en vilo a les espectadores, que se preguntan qui&#233;n coger&#225; el primer cu&#225; y comenzar&#225; el duelo. Xiorro se adelanta y toma el primer cu&#225;, pero antes de iniciar la lucha, hace una se&#241;al de respeto a les tocadores y arranca con su piquete, un solo improvisado. Su cuerpo comienza a &#8220;hablar&#8221;, con pasos &#225;giles que responden al redoble del tambor subidor, mientras Micha permanece en el borde del c&#237;rculo con las manos detr&#225;s de la espalda, marcando el ritmo del buleador pisando de lado a lado. Al concluir su solo, Xiorro cede el espacio a Micha, quien tambi&#233;n improvisa, y luego, comienza el intercambio de golpes. Pero en este duelo, la frontera entre el combate y la bomba se vuelve borrosa. Xiorro marca el final de sus fintas con rebotes de rodillas, mientras Micha se desliza hacia atr&#225;s con los pies juntos, utilizando movimientos m&#225;s estilizados para esquivar un ataque. El subidor interpreta y traduce s&#243;nicamente los pasos improvisados de ambos practicantes as&#237; como los golpes que se cruzan. Los practicantes son competitivos pero tambi&#233;n juguetones en sus ataques y en la manera en que integran pasos de bomba en su duelo. Se mueven dentro y fuera del patr&#243;n r&#237;tmico repetitivo del buleador, tal y como se har&#237;a en la pr&#225;ctica del soberao, manteniendo un ritmo base durante el combate e incorporando s&#237;ncopas improvisadas en los momentos de tensi&#243;n, ejecutando fintas junto con pasos de bomba impredecibles para enga&#241;ar a su oponente. Tal como expone Power-Sotomayor en su descripci&#243;n del soberao, &#8220;debido a la imprevisibilidad de la s&#237;ncopa improvisada, un exceso de s&#237;ncopa en los movimientos de la bomba puede dificultar que el primo [o subidor] siga al bailador&#8221;, por eso al ejecutar el kokobal&#233;, estos practicantes tambi&#233;n activan estas din&#225;micas del soberao.<xref ref-type="fn" rid="n51">51</xref> Adem&#225;s, las t&#225;cticas de evasi&#243;n de los practicantes, su balanceo r&#237;tmico mientras se preparan para golpear, su incesante movimiento circular y la curvatura lateral de sus torsos para confundir a su oponente, ejemplifica c&#243;mo la restauraci&#243;n del kokobal&#233; se lleva a cabo mediante un di&#225;logo con los vocabularios kin&#233;sicos de otras danzas de combate afrodiasp&#243;ricas como la capoeira y su danza de combate con palos que la acompa&#241;a, el maculel&#233;.</p>
<p>Para el 2021, el kokobal&#233; hab&#237;a adquirido mayor visibilidad a medida que practicantes de bomba en el archipi&#233;lago y la di&#225;spora comenzaban a tomar el palo y el machete, lanz&#225;ndose a experimentar por cuenta propia con esta danza de combate que estaba resurgiendo. Este inter&#233;s se debe, en parte, al trabajo de memoria cimarrona del Proyecto Kokobal&#233;, pero tambi&#233;n responde a un momento de urgencia colectiva ante las duras condiciones sociopol&#237;ticas del pa&#237;s. En medio de un aumento alarmante en las tasas de feminicidio con un incremento del 62% desde 2019 y al menos 60 mujeres asesinadas solo en 2020,<xref ref-type="fn" rid="n52">52</xref> fueron los grupos de bomba formados por personas que se identificaban como femeninas y cuir quienes se colocaron al frente de la resistencia contra las normas patriarcales de la cultura puertorrique&#241;a. Por d&#233;cadas, las mujeres fueron relegadas al micr&#243;fono y a la falda: se esperaba que cantaran y bailaran, mientras los hombres dominaban los barriles. Agrupaciones como Las Barrileras del 8M rompieron con esta tradici&#243;n con su comparsa compuesta exclusivamente por mujeres y personas cuir, enfrentando los roles de g&#233;nero r&#237;gidos inscritos hist&#243;ricamente en la bomba. Hicieron del batey un espacio de resistencia feminista, con su aporte al movimiento #NiUnaMenos en Puerto Rico, una producci&#243;n autogestionada donde reinterpretaron &#8220;Canci&#243;n sin miedo&#8221;, la canci&#243;n compuesta por Vivir Quintana que denuncia la violencia de g&#233;nero y que se ha convertido en un himno de lucha feminista a nivel mundial. El video, que termin&#243; volvi&#233;ndose viral, cont&#243; con la participaci&#243;n voluntaria de 97 mujeres, personas cuir, trans, no binarias y aliadas que respondieron al llamado abierto de Las Barrileras del 8M al batey.<xref ref-type="fn" rid="n53">53</xref> Aunque el video de Las Barrileras merece atenci&#243;n y un an&#225;lisis propio, quiero invitar a les lectores a mirar otra contribuci&#243;n al movimiento #NiUnaMenos, que, aunque no tuvo la misma visibilidad, al igual que la anteriormente expuesta, reclam&#243; espacio en el batey desde una pr&#225;ctica tradicionalmente dominada por hombres.</p>
<fig id="F2">
<caption>
<p>Figure 2: Escena de apertura en el video oficial de Estudio 353 &#8220;La Cocobalera&#187; (2021).</p>
<p><ext-link ext-link-type="uri" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="https://youtu.be/U55YW-FLQL0?si=jGbvuRQORSb4AjVo">https://youtu.be/U55YW-FLQL0?si=jGbvuRQORSb4AjVo</ext-link>.</p>
</caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="conversations-8513_carlo-g2.jpg"/>
</fig>
<p>La secuencia que abre &#8220;La Cocobalera&#8221; de Estudio 353 presenta una escena familiar de vigilancia de g&#233;nero en la infancia, ambientada en las calles del casco urbano de Mayag&#252;ez.<xref ref-type="fn" rid="n54">54</xref> Una ni&#241;a, vestida con un traje blanco similar a los atuendos folcl&#243;ricos de bomba o de &#8220;jibarita&#8221;, empuja un cami&#243;n de juguete sobre la acera y el chirrido de las gomas se oye claramente sobre el silencio del fondo. En segundo plano, se ve un cartel de &#8220;Se Vende&#8221;, como testigo mudo de la crisis econ&#243;mica y del desalojo continuo que enfrentan las comunidades del archipi&#233;lago. Acto seguido, la c&#225;mara hace zoom a un brazo cuyo cuerpo queda fuera de la toma, generando una sensaci&#243;n inquietante de anonimato. Ese brazo incorp&#243;reo le arrebata el cami&#243;n a la ni&#241;a de las manos, le hace un gesto de reproche con el dedo y le coloca entre las manos una mu&#241;eca Barbie rubia, vestida con un traje azul claro. La ni&#241;a, con una expresi&#243;n de tristeza y desaf&#237;o, lanza la mu&#241;eca contra el suelo con fuerza. En la siguiente toma, la c&#225;mara se detiene en la imagen de la mu&#241;eca ca&#237;da junto al cami&#243;n desechado, subrayando el contraste entre ambos objetos. Aunque el video muestra una representaci&#243;n directa y quiz&#225;s predecible de las estrictas normas de g&#233;nero impuestas desde muy temprana edad, su intervenci&#243;n m&#225;s radical es lo que ocurre despu&#233;s en la reclamaci&#243;n del kokobal&#233;. Dado que los escasos materiales de archivo e investigaci&#243;n sobre la danza de combate solo muestran a practicantes masculinos, hasta el punto de que algunos relatos la describen como una pr&#225;ctica exclusiva de los hombres, &#8220;La Cocobalera&#8221; reivindica la figura de la mujer kokobalera, la mujer que empu&#241;a el machete.</p>
<p>Cuando la imagen fija de los juguetes desechados se desvanece, surge la voz de Jamienette P&#233;rez Mercado:</p>
<disp-quote>
<p><italic>Yo soy la bomba de Mayag&#252;ez</italic></p>
<p><italic>Saque la venda pa&#8217; que sepa usted</italic></p>
<p><italic>Que de tambores y cocobal&#233;</italic></p>
<p><italic>Hoy los barriles son de la mujer</italic><xref ref-type="fn" rid="n55">55</xref></p>
</disp-quote>
<p>Mientras P&#233;rez Mercado canta, &#8220;con tambores y kokobal&#233; / Hoy, los barriles son de la mujer&#8221;, el videoclip la muestra convocando a mujeres con mascarillas puestas que portan palos por todo Mayag&#252;ez y se unen a ella en un bombazo exclusivamente femenino. De pie entre estas mujeres que parecen una guerrilla, P&#233;rez Mercado entona m&#225;s estrofas de la canci&#243;n, mientras las dem&#225;s mujeres se turnan en los barriles, marcando el ritmo del buleador. La c&#225;mara alterna con tomas r&#225;pidas de las mujeres adultas en el batey, algunas golpeando intermitentemente un extremo del palo contra la palma abierta, gesto bien conocido que anuncia una confrontaci&#243;n: est&#225;s a punto de recibir una paliza. En medio de todo esto, volvemos a la ni&#241;a de la escena inicial, ahora concentrada en un intenso duelo con otra ni&#241;a. Ambas ensayan el kokobal&#233; que las mujeres adultas invocan con sus gestos y su canci&#243;n. &#8220;La Cocobalera&#8221; responde a un presentimiento visceral, la intuici&#243;n de que las mujeres siempre han practicado este arte, aunque su presencia ha sido borrada de los registros hist&#243;ricos. Estos silencios del archivo pueden deberse a estereotipos que tachan a las mujeres combativas de &#8220;hist&#233;ricas&#8221; o a la posibilidad de que su participaci&#243;n en el kokobal&#233; ocurriera m&#225;s all&#225; del escenario folkl&#243;rico, incluso fuera del espacio perform&#225;tico del batey. Por eso, el video no solo afirma la presencia de la mujer kokobalera, sino que tambi&#233;n desaf&#237;a las estructuras que hist&#243;ricamente la han mantenido fuera de plano, m&#225;s all&#225; del foco, omitida del archivo.</p>
<p>En la iconograf&#237;a nacional, donde se han representado figuras como el j&#237;baro machetero y el cimarr&#243;n casi exclusivamente desde una perspectiva masculina, la mujer kokobalera surge como una intervenci&#243;n tanto necesaria como subversiva. Dentro del canon de la identidad nacional puertorrique&#241;a, esta figura encarna lo que Roach denomina &#8220;contramemorias&#8221;, definidas como &#8220;las disparidades entre la historia tal y como se transmite discursivamente y la memoria tal y como es representada p&#250;blicamente por los cuerpos que sufren sus consecuencias&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n56">56</xref> Por ejemplo, las letras de P&#233;rez Mercado convocan la presencia visual y afectiva de una cimarrona con corona de flores y adornada con un collar de espinas, una mujer que no huye al monte &#250;nicamente en busca de refugio, sino tambi&#233;n en busca del kokobal&#233;:</p>
<disp-quote>
<p><italic>En su cabeza corona eh flores</italic></p>
<p><italic>Lleva en su cuello collar de espinas</italic></p>
<p><italic>Cimarrona se fue a la huida al monte&#8230; pa&#8217;l cocobal&#233;</italic></p>
<p><italic>Cocobalera ganga mond&#233;</italic></p>
<p><italic>Grito de guerra de las paleras</italic></p>
<p><italic>Epiyey&#233; mi Congo, epiyey&#233; mi cocobal&#233;</italic><xref ref-type="fn" rid="n57">57</xref></p>
</disp-quote>
<p>La mujer kokobalera es encarnada por las mujeres del Estudio 353 a trav&#233;s de lo que Roach denomina &#8220;imaginaci&#243;n cinest&#233;sica&#8221;, donde &#8220;la verdad de la simulaci&#243;n, la fantas&#237;a y las enso&#241;aciones&#8221;, cuando se representa, se convierte en una fuerza generadora con &#8220;consecuencias materiales del tipo m&#225;s tangible y del alcance m&#225;s amplio&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n58">58</xref> Aqu&#237;, la monta&#241;a se convierte en un lugar de refugio y el grito de guerra, &#8220;cocobalera ganga mond&#233;&#8221;, invoca un linaje de mujeres guerreras, las paleras, que quiz&#225; no se nombran en los archivos oficiales, pero que se sienten, se oyen y se imaginan de nuevo. Extendiendo esta lectura al &#225;mbito espiritual, la mujer kokobalera imaginada tambi&#233;n recuerda a Oy&#225;, la orisha del viento y la tormenta, descrita como una mujer guerrera cuya &#8220;lengua est&#225; representada por un peque&#241;o par de espadas, por un sable ornamental o, en las Am&#233;ricas, por un machete pesado&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n59">59</xref> Como deidad africana y pancaribe&#241;a, Oy&#225; no puede entenderse plenamente de forma aislada, como afirman <xref ref-type="bibr" rid="B27">Jacob K. Ol&#250;p&#242;n&#224; y Terry Rey</xref> en su introducci&#243;n a <italic>&#210;r&#236;&#351;&#224; Devotion as World Religion: The Globalization of Yor&#249;b&#225; Religious Culture</italic> (2008), la religi&#243;n yoruba sirve de &#8220;centro devocional compartido&#8221; y se convierte en una &#8220;ra&#237;z pivotante de la vida diasp&#243;rica africana&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n60">60</xref> En esta alusi&#243;n a Oy&#225;, las paleras activan una coyuntura espiritual que va m&#225;s all&#225; de las fronteras nacionales, donde la pr&#225;ctica del kokobal&#233; se convierte en un canal de sabidur&#237;a ancestral y se inscribe dentro de un corpus m&#225;s amplio de conocimiento afrodi&#225;sporico.</p>
<p>Al indagar sobre la figura de la mujer kokobalera, las mujeres del Estudio 353 no sue&#241;an en vano. Una mujer guerrera dej&#243; su rastro en el cuaderno de Rafael Cepeda. En mi entrevista con Xiorro, comparti&#243; que, mientras revisaba las notas de Cepeda en busca de informaci&#243;n sobre el kokobal&#233;, se top&#243; con el siguiente verso: &#8220;Do&#241;a Juana baila Conquest, baila Cocobal&#233;&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n61">61</xref> La figura de Do&#241;a Juana persiste, a pesar de estar fragmentada, como una presencia espectral en la memoria colectiva, &#8220;olvidada pero no desaparecida&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n62">62</xref> Su identidad sigue siendo elusiva, pero la fuerza performativa de su figura reverbera a trav&#233;s de un linaje de mujeres puertorrique&#241;as insurgentes como Lolita Lebr&#243;n, Luisa Capetillo y Julia de Burgos. Aunque no empu&#241;aba el machete sino la pluma, Julia de Burgos, cuya figura se invoca en el video a trav&#233;s de su rostro tallado en las pantallas (o los aretes) de P&#233;rez Mercado, honr&#243; su herencia afroboricua y sostuvo una postura firme contra el colonialismo y el poder imperial en su poes&#237;a, particularmente evidente en &#8220;R&#237;o Grande de Lo&#237;za&#8221; (1938), donde escribe:</p>
<disp-quote>
<p>&#161;R&#237;o Grande de Lo&#237;za!&#8230; R&#237;o grande. Llanto grande.</p>
<p><italic>El m&#225;s grande de todos nuestros llantos isle&#241;os</italic>,</p>
<p><italic>si no fuera m&#225;s grande el que de m&#237; se sale</italic></p>
<p><italic>por los ojos del alma para mi esclavo pueblo</italic>.<xref ref-type="fn" rid="n63">63</xref></p>
</disp-quote>
<p>El rastro que Do&#241;a Juana deja en el archivo me condujo hasta otra Juana combativa, una figura menos reconocida pero clave en la historia de Puerto Rico. Juana Col&#243;n, a quien muchas conocen como la &#8220;Juana de Arco&#8221; de Comer&#237;o, fue una mujer afroboricua cuyo liderazgo en las huelgas obreras y en la lucha por el voto femenino se ha opacado hist&#243;ricamente por narrativas enfocadas en los obreros ilustrados, es decir, en los intelectuales de la clase trabajadora.<xref ref-type="fn" rid="n64">64</xref> Adem&#225;s de fundar un sindicato de tabaqueros y el Partido Socialista en Comer&#237;o, Col&#243;n se dedic&#243; a brindar atenci&#243;n m&#233;dica alternativa a su comunidad. Su compromiso pol&#237;tico tambi&#233;n se manifestaba en las calles, donde, ya fuera encabezando marchas o enfrent&#225;ndose a la polic&#237;a con piedras en mano, su presencia firme en cada protesta le gan&#243; otro nombre de respeto: La Machetera.<xref ref-type="fn" rid="n65">65</xref> Desde esta perspectiva, Do&#241;a Juana, la mujer kokobalera, nos interpela a leer su rastro en el cuaderno de Cepeda no como una simple anotaci&#243;n hist&#243;rica, sino como una afirmaci&#243;n del presentimiento de que las mujeres han ocupado y contin&#250;an ocupando un lugar central en las luchas por la liberaci&#243;n. Las mujeres del Estudio 353 identifican en la &#8220;imaginaci&#243;n cinest&#233;sica&#8221; un potencial pol&#237;tico que permite reconfigurar el archivo desde el cuerpo, una pr&#225;ctica de (re)performance y recursividad mediante la cual se convoca el esp&#237;ritu de la mujer kokobalera como forma de resistencia frente a la violencia de g&#233;nero en Puerto Rico.</p>
<p>Como coda abierta, quisiera retomar la evocaci&#243;n de ife sobre la &#8220;apertura anacoreogr&#225;fica&#8221;, ese gesto que convoca a los cuerpos a moverse juntos guiados por nada m&#225;s que un afecto invisible. La (re)introducci&#243;n del kokobal&#233; en la memoria colectiva de Puerto Rico en los a&#241;os por venir refleja un movimiento hacia formas de pensamiento decolonial y relacional. Decolonial, en el sentido de que responde a la injusticia, como cuando el pueblo puertorrique&#241;o &#8220;despert&#243;&#8221; en el verano de 2019, poniendo los cuerpos en la primera l&#237;nea, bailando, gritando consignas y exigiendo la renuncia del gobernador Ricardo Rossell&#243;. Tambi&#233;n es decolonial en la medida en que lo impulsa un esp&#237;ritu de autogesti&#243;n y autodeterminaci&#243;n, respondiendo al da&#241;o y a las p&#233;rdidas que el pueblo sufri&#243; tras el hurac&#225;n Mar&#237;a, los feminicidios y la pandemia del COVID-19. Es relacional por la manera en que enciende nuestro deseo de comprender la t&#233;cnica del kokobal&#233;, llam&#225;ndonos a aprender de nuestres vecines caribe&#241;es, de sus danzas de combate, y de nuestras historias compartidas de lucha contra el imperio. Tambi&#233;n es relacional en la forma en que, al invocar a nuestres antepasades cimarrones, y quiz&#225;s tambi&#233;n a les orishas, nos nutrimos de la ra&#237;z pivotante de los mundos de vida (<italic>lifeworlds</italic>) afrodiasp&#243;ricos que conectan &#193;frica, Am&#233;rica y el Caribe. Al (re)performar el kokobal&#233;, afirmamos un giro epistemol&#243;gico hacia la negritud en Puerto Rico, rechazando las estructuras coloniales que durante tanto tiempo han colocado al pueblo y a la cultura afroboricua en los m&#225;rgenes. Al (re)performar el kokobal&#233;, reiteramos la voluntad del cimarr&#243;n del siglo XIX que vio la libertad en la batalla, en la fuga y en Hait&#237;. Al (re)performar el kokobal&#233;, entramos en un contrapunto polirr&#237;tmico con el mundo circumatl&#225;ntico. Entramos en una danza que, como sugiere ife, es lenta, minimalista, indisciplinada, prolongada&#8230; una danza abierta que impulsa al cuerpo a colocarse por encima del miedo.</p>
<p>Cuando incorporamos estas danzas de combate a nuestra memoria colectiva a trav&#233;s de colectivos y organizaciones comunitarias de peque&#241;a escala en todo el archipi&#233;lago y la di&#225;spora, garantizamos la longevidad de estas historias que, a su vez, exponen c&#243;mo nos movemos en el presente. En respuesta a las crisis econ&#243;micas, los desastres naturales, las infraestructuras fallidas y los gobiernos corruptos, el kokobal&#233; se convierte en un gesto de resistencia, similar a la forma en que Power-Sotomayor describe la funci&#243;n crucial de la bomba, ya que logra algo m&#225;s que &#8220;representar la puertorrique&#241;idad y la negritud, generar orgullo cultural o participar en una pr&#225;ctica cultural de moda. M&#225;s bien, es un rechazo esc&#233;nico a desaparecer o a alinear los cuerpos con el Estado&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n66">66</xref> Les practicantes participan en coreograf&#237;as cimarronas, y se reh&#250;san a rendirse ante los poderes coloniales, reforzando el v&#237;nculo inseparable entre el patrimonio cultural y la lucha permanente por la liberaci&#243;n. Aunque la llamada a la acci&#243;n de les kokobaleres sigue vigente, concluyo esta investigaci&#243;n sobre el kokobal&#233; con la canci&#243;n &#8220;Palo y Machete,&#8221; un himno de resistencia, lucha y cimarronaje con una melod&#237;a alegre que, seg&#250;n Xiorro, &#8220;fue hecho con toda premeditaci&#243;n ya que en el Caribe luchamos mientras cantamos, tocamos tambores, bailamos y hasta perreamos. Sonre&#237;mos ante el peligro con la alegr&#237;a y la certeza de que hacemos lo correcto&#8221;.<xref ref-type="fn" rid="n67">67</xref></p>
<disp-quote>
<p><italic>Palo y machete cimarr&#243;n</italic></p>
<p><italic>Palo y machete</italic></p>
<p><italic>Coge el machete cimarr&#243;n</italic></p>
<p><italic>Nos llama la revoluci&#243;n</italic><xref ref-type="fn" rid="n68">68</xref></p>
</disp-quote>
<fig id="F3">
<caption>
<p>Figure 3: Melissa Santos y Carlos &#8220;Xiorro&#8221; <xref ref-type="bibr" rid="B29">Padilla Caraballo</xref> en &#8220;Canci&#243;n: Palo y Machete (en vivo &#8211; live)&#8221; (2022).</p>
<p><ext-link ext-link-type="uri" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="https://youtu.be/_ahLGHH7krA?si=2oG6SqrxvA50gN4k">https://youtu.be/_ahLGHH7krA?si=2oG6SqrxvA50gN4k</ext-link>.</p>
</caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="conversations-8513_carlo-g3.jpg"/>
</fig>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
<fn id="n1"><p>Nota de traducci&#243;n: Agradezco a Jack Miller Brown y a Eugenia Cad&#250;s por su apoyo en la traducci&#243;n de este art&#237;culo al espa&#241;ol. Todas las citas escritas originalmente en ingl&#233;s fueron traducidas por m&#237;. Como reconocimiento a las personas con identidades de g&#233;nero trans y no binarie, se ha optado por el uso del lenguaje inclusivo a lo largo del texto, empleando la vocal &#8220;-e&#8221; en las terminaciones de g&#233;nero.</p></fn>
<fn id="n2"><p>Partiendo del concepto de &#8220;speaking bodies&#8221; que <xref ref-type="bibr" rid="B34">Power-Sotomayor</xref> desarrolla en &#8220;From Soberao to Stage.&#8221;</p></fn>
<fn id="n3"><p><xref ref-type="bibr" rid="B9">Desmangles</xref> se&#241;ala, en &#8220;African Interpretations of the Christian Cross in Vodun&#8221;, que para les practicantes del Vodun, la cruz no es s&#243;lo un medio de comunicaci&#243;n con las boas, sino tambi&#233;n el s&#237;mbolo a trav&#233;s del cual uno se conecta con los principios cosmol&#243;gicos que personalizan, &#8220;el punto cero en el que los dos mundos se dividen&#8221; (23&#8211;24).</p></fn>
<fn id="n4"><p>Junto a la figura del africano esclavizado y el cimarr&#243;n fugitivo, el machete tambi&#233;n se asocia com&#250;nmente con el j&#237;baro, un arquetipo del campesino y agricultor puertorrique&#241;o autosuficiente. El t&#233;rmino &#8216;machetero&#8217; fue empleado m&#225;s tarde en el siglo XX por el Ej&#233;rcito Popular Boricua, una organizaci&#243;n militante clandestina que luch&#243; por la independencia de Puerto Rico de los Estados Unidos.</p></fn>
<fn id="n5"><p><xref ref-type="bibr" rid="B42">Rodr&#237;guez-Silva</xref>, &#8220;Cimarr&#243;n and the Reordering&#8221;, 113.</p></fn>
<fn id="n6"><p><xref ref-type="bibr" rid="B42">Rodr&#237;guez-Silva</xref>, &#8220;Cimarr&#243;n and the Reordering&#8221;, 118.</p></fn>
<fn id="n7"><p>Citado en <xref ref-type="bibr" rid="B18">ife</xref>, <italic>Maroon Choreography</italic>, x&#8211;xi.</p></fn>
<fn id="n8"><p>Citado en <xref ref-type="bibr" rid="B18">ife</xref>, <italic>Maroon Choreography</italic>, ix.</p></fn>
<fn id="n9"><p><xref ref-type="bibr" rid="B18">ife</xref>, <italic>Maroon Choreography</italic>, 90.</p></fn>
<fn id="n10"><p><xref ref-type="bibr" rid="B8">Desch-Obi</xref>, <italic>Fighting for Honor</italic>, 174.</p></fn>
<fn id="n11"><p><xref ref-type="bibr" rid="B46">Torres Saez</xref>, &#8220;Cocobal&#233;: Artes Marciales Africanasen la Bomba.&#8221;</p></fn>
<fn id="n12"><p><xref ref-type="bibr" rid="B8">Desch-Obi</xref>, <italic>Fighting for</italic> Honor, 158.</p></fn>
<fn id="n13"><p>Power-Sotomayor y <xref ref-type="bibr" rid="B40">Rivera</xref> en &#8220;Puerto Rican Bomba&#8221;, 15. Las historias orales que relatan la migraci&#243;n forzada de los haitianos esclavizados se citan en &#8220;New York Bomba: Puerto Ricans, Dominicans, and a Bridge Called Haiti&#8221; de Raquel Z. Rivera. Para m&#225;s informaci&#243;n sobre la migraci&#243;n interinsular entre Hait&#237; y Puerto Rico, v&#233;ase <xref ref-type="bibr" rid="B25">Francisco Moscoso</xref>, <italic>La revoluci&#243;n haitiana y Puerto Rico, 1789&#8211;1804</italic> (2023).</p></fn>
<fn id="n14"><p>En una publicaci&#243;n de <xref ref-type="bibr" rid="B37">Facebook</xref> titulada &#8220;Origen de la palabra Kokobal&#233;&#8221;, Xiorro presenta tres posibles traducciones para el t&#233;rmino &#8220;kokobal&#233;&#8221;. La primera, &#8220;El Baile del Coco&#8221;, propone que la palabra &#8220;coco&#8221; se puede referir tanto a la cabeza (como en la expresi&#243;n &#8220;te voy a dar en el coco&#8221;) como con &#8220;cocolo&#8221;, un t&#233;rmino de la jerga afrocaribe&#241;a, y en este caso, &#8220;bal&#233;&#8221; se relaciona con la danza. La segunda, &#8220;El Combate del Cuerpo&#8221;, proviene del creole <italic>Ko Konba Le</italic>, conectando el t&#233;rmino con Martinica y su juego de palo <italic>Konba Baton</italic>, as&#237; como con Hait&#237;, donde se practica el <italic>Tir&#233; Baton</italic>, considerado un &#8220;konba fizik&#8221; o combate f&#237;sico. La tercera, &#8220;El Palo del Koko&#8221;, se deriva de <italic>Koko Bwa Le</italic>, asoci&#225;ndolo el t&#233;rmino con el palo ritual <italic>koko macaco</italic> del vud&#250; haitiano, el juego de palo de Curazao conocido como <italic>Kokomakaku</italic>, y la palma caribe&#241;a <italic>Coco Macaco</italic> (<italic>Bactris Cubensis</italic>).</p></fn>
<fn id="n15"><p><xref ref-type="bibr" rid="B12">Gerstin</xref>, &#8220;Tangled Roots&#8221;, 25.</p></fn>
<fn id="n16"><p><xref ref-type="bibr" rid="B41">Roach</xref>, <italic>Cities of the Dead</italic>, 5.</p></fn>
<fn id="n17"><p><xref ref-type="bibr" rid="B15">Glissant</xref>, <italic>Poetics of Relation</italic>.</p></fn>
<fn id="n18"><p><xref ref-type="bibr" rid="B17">Hey-Col&#243;n</xref>, <italic>Channeling Knowledges</italic>, 18, 25.</p></fn>
<fn id="n19"><p><xref ref-type="bibr" rid="B16">Green y Svinth</xref>, <italic>Martial Arts of the World</italic>.</p></fn>
<fn id="n20"><p><xref ref-type="bibr" rid="B41">Roach</xref>, <italic>Cities of the Dead</italic>, 2.</p></fn>
<fn id="n21"><p><xref ref-type="bibr" rid="B14">Glissant</xref>, <italic>Caribbean Discourse</italic>, 64.</p></fn>
<fn id="n22"><p><xref ref-type="bibr" rid="B41">Roach</xref>, <italic>Cities of the Dead</italic>, 4.</p></fn>
<fn id="n23"><p><xref ref-type="bibr" rid="B28">Padilla Caraballo</xref>, &#8220;Kokobal&#233;, Wakanda, Woman King&#8221;, secci&#243;n 4.</p></fn>
<fn id="n24"><p>Entrevista con Carlos &#8220;Xiorro&#8221; <xref ref-type="bibr" rid="B30">Padilla Caraballo</xref>, 2023. M&#225;s informaci&#243;n sobre el kokobal&#233;, los or&#237;genes de esta danza de combate, y el archivo encarnado de la familia Cepeda pueden encontrarse en los art&#237;culos de Xiorro &#8220;Kokobal&#233;, the Afro-Puerto Rican Martial Art&#8221; y <xref ref-type="bibr" rid="B31">&#8220;Towards a history of Kokobal&#233;&#8221;</xref> en <ext-link ext-link-type="uri" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="http://CapoeiraHistory.com">CapoeiraHistory.com</ext-link>.</p></fn>
<fn id="n25"><p><xref ref-type="bibr" rid="B3">Baralt</xref>, <italic>Esclavos Rebeldes</italic>, 66.</p></fn>
<fn id="n26"><p>El nacionalista puertorrique&#241;o Pedro Albizu Campos hace menci&#243;n del <italic>arte de la esgrima</italic> en uno de sus discursos: &#8220;&#191;Hasta cuando v&#225;is a ser esclavos en vuestra propia tierra? [&#8230;] Ninguno de vosotros sabe el uso de las armas. &#191;Cu&#225;ntos de vosotros sab&#233;is tirar, pero tirar bien? &#191;Cuantos conocen la esgrima del machete que conoc&#237;a todo j&#237;baro, la esgrima del palo, la esgrima del pu&#241;al, del sable, del florete, las artes de la defensa propia? [&#8230;] son disciplinas internas que hay que cultivar para que un hombre sea libre&#8221;, en <italic>Pedro Albizu Campos: obras escogidas</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B2">1975</xref>).</p></fn>
<fn id="n27"><p><xref ref-type="bibr" rid="B23">Lowe</xref>, <italic>Intimacies of Four Continents</italic>.</p></fn>
<fn id="n28"><p><xref ref-type="bibr" rid="B21">Lebr&#243;n Ortiz</xref>, &#8220;Filosof&#237;a del cimarronaje&#8221;, 149.</p></fn>
<fn id="n29"><p><xref ref-type="bibr" rid="B5">Browning</xref>, &#8220;Headspin&#8221;, 166.</p></fn>
<fn id="n30"><p><xref ref-type="bibr" rid="B39">Quintero Rivera</xref>, &#8220;Rural-Urban Dichotomy&#8221;, 129.</p></fn>
<fn id="n31"><p>Ep&#237;tetos difundidos por <xref ref-type="bibr" rid="B32">Antonio S. Pedreira</xref> in <italic>Insularismo: Ensayos de interpretaci&#243;n puertorrique&#241;a</italic> (1942).</p></fn>
<fn id="n32"><p><xref ref-type="bibr" rid="B35">Power-Sotomayor y Rivera</xref>, &#8220;Puerto Rican Bomba&#8221;, 13.</p></fn>
<fn id="n33"><p><xref ref-type="bibr" rid="B19"><italic>La Democracia</italic>. (Ponce, P.R.) 1890&#8211;1948</xref>, 01 de febrero de 1906, Im&#225;gen 1.</p></fn>
<fn id="n34"><p><xref ref-type="bibr" rid="B28">Padilla Caraballo</xref>, &#8220;Kokobal&#233;, Wakanda, Woman King&#8221;, secci&#243;n 3.</p></fn>
<fn id="n35"><p><xref ref-type="bibr" rid="B35">Power-Sotomayor y Rivera</xref>, &#8220;Puerto Rican Bomba&#8221;, 14.</p></fn>
<fn id="n36"><p><xref ref-type="bibr" rid="B8">Desch-Obi</xref>, <italic>Fighting for Honor</italic>, 2.</p></fn>
<fn id="n37"><p><xref ref-type="bibr" rid="B15">Glissant</xref>, <italic>Poetics of Relation</italic>.</p></fn>
<fn id="n38"><p><xref ref-type="bibr" rid="B33">Power-Sotomayor</xref>, &#8220;Corporeal Sounding&#8221;, 712.</p></fn>
<fn id="n39"><p><xref ref-type="bibr" rid="B4">Barton</xref>, &#8220;Challenge for Puerto Rican Music&#8221;, 84.</p></fn>
<fn id="n40"><p><xref ref-type="bibr" rid="B6">Cartagena</xref>, &#8220;Introduction&#8221;, 3&#8211;4.</p></fn>
<fn id="n41"><p>Citado en Cartagena, &#8220;Introduction&#8221;, 2.</p></fn>
<fn id="n42"><p><xref ref-type="bibr" rid="B8">Desch-Obi</xref>, <italic>Fighting for honor</italic>, 34.</p></fn>
<fn id="n43"><p>Entrevista con Carlos &#8220;Xiorro&#8221; Padilla Caraballo, 2023.</p></fn>
<fn id="n44"><p>Entrevista con Carlos &#8220;Xiorro&#8221; Padilla Caraballo, 2023.</p></fn>
<fn id="n45"><p>Adaptado de la frase &#8220;El futuro es cimarronaje&#8221; de Mayra Santos-Febres e ideas compartidas en sus paneles sobre la afrodescendencia en Puerto Rico.</p></fn>
<fn id="n46"><p><xref ref-type="bibr" rid="B43">Soto Vega</xref>, &#8220;Puerto Rico Weathers the Storm&#8221;, 40.</p></fn>
<fn id="n47"><p>En un video breve titulado &#8220;Cocobale: The Forgotten Stick Fighting Dance of Puerto Rico&#8221;, Milteri Tucker Concepci&#243;n, fundadora y directora art&#237;stica de <italic>Bombazo Dance Company</italic>, una compa&#241;&#237;a de bomba del Bronx colabora con el kokobalero Miguel Quijano para dirigir a un grupo de bailadores de la ciudad de Nueva York en una exploraci&#243;n encarnada de los movimientos del kokobal&#233;. Tucker Concepci&#243;n y su compa&#241;&#237;a tambi&#233;n han hecho presentaciones del kokobal&#233; en Congo Square en New Orleans.</p></fn>
<fn id="n48"><p><xref ref-type="bibr" rid="B28">Padilla Caraballo</xref>, &#8220;Kokobal&#233;, Wakanda, Woman King&#8221;, secci&#243;n 3.</p></fn>
<fn id="n49"><p><xref ref-type="bibr" rid="B10">Emiljanowicz</xref>, &#8220;Cockfight to Polyrhythm&#8221;, 35.</p></fn>
<fn id="n50"><p><xref ref-type="bibr" rid="B45">Taller Tambuy&#233;</xref>, &#8220;Proyecto Kokobal&#233; y Taller Tambuy&#233;&#8221;.</p></fn>
<fn id="n51"><p><xref ref-type="bibr" rid="B33">Power-Sotomayor</xref>, &#8220;Corporeal Sounding&#8221;, 50.</p></fn>
<fn id="n52"><p><xref ref-type="bibr" rid="B1">Acevedo</xref>, &#8220;Puerto Rico&#8217;s new tipping point&#8221;, section 2.</p></fn>
<fn id="n53"><p><xref ref-type="bibr" rid="B44">Taller Tambuy&#233;</xref>, &#8220;Canci&#243;n sin miedo&#8221;.</p></fn>
<fn id="n54"><p><xref ref-type="bibr" rid="B11">Estudio 353</xref>, &#8220;La Cocobalera&#8221;.</p></fn>
<fn id="n55"><p>En &#8220;La Cocobalera&#8221;, escrito por Jamienette P&#233;rez Mercado.</p></fn>
<fn id="n56"><p><xref ref-type="bibr" rid="B41">Roach</xref>, <italic>Cities of the Dead</italic>, 26.</p></fn>
<fn id="n57"><p>En &#8220;La Cocobalera&#8221;, escrita por Jamienette P&#233;rez Mercado.</p></fn>
<fn id="n58"><p><xref ref-type="bibr" rid="B41">Roach</xref>, <italic>Cities of the Dead</italic>, 27.</p></fn>
<fn id="n59"><p><xref ref-type="bibr" rid="B13">Gleason</xref>, &#8220;Oy&#225;&#8221;, 73.</p></fn>
<fn id="n60"><p><xref ref-type="bibr" rid="B27">Ol&#250;p&#242;n&#224; y Rey</xref>, <italic>&#210;r&#236;&#351;&#224; Devotion as World Religion</italic>, 4.</p></fn>
<fn id="n61"><p>Entrevista a Carlos &#8220;Xiorro&#8221; Padilla Caraballo, 2023.</p></fn>
<fn id="n62"><p><xref ref-type="bibr" rid="B41">Roach</xref>, <italic>Cities of the Dead</italic>, 31.</p></fn>
<fn id="n63"><p><xref ref-type="bibr" rid="B7">De Burgos</xref>, &#8220;R&#237;o Grande de Lo&#237;za&#8221;, 1938.</p></fn>
<fn id="n64"><p><xref ref-type="bibr" rid="B24">Mel&#233;ndez-Badillo</xref>, &#8220;Mateo and Juana&#8221;, 114.</p></fn>
<fn id="n65"><p><xref ref-type="bibr" rid="B24">Mel&#233;ndez-Badillo</xref>, &#8220;Mateo and Juana&#8221;, 111&#8211;5.</p></fn>
<fn id="n66"><p><xref ref-type="bibr" rid="B33">Power-Sotomayor</xref>, &#8220;Corporeal Sounding&#8221;, 54.</p></fn>
<fn id="n67"><p><xref ref-type="bibr" rid="B38">Proyecto Kokobal&#233;</xref>, &#8220;Sobre la canci&#243;n Palo y Machete&#8221;.</p></fn>
<fn id="n68"><p><xref ref-type="bibr" rid="B36">Proyecto Kokobal&#233;</xref>, &#8220;Canci&#243;n: Palo Y Machete (En Vivo &#8211; Live)&#8221;.</p></fn>
</fn-group>
<sec>
<title>Biograf&#237;a de la autora</title>
<p><bold>Isabel Padilla Carlo</bold> es estudiante doctoral en el Departamento de Performing and Media Arts de la Universidad de Cornell. Sus intereses de investigaci&#243;n se sit&#250;an en la intersecci&#243;n entre los estudios de performance y los estudios cr&#237;ticos de danza, con un enfoque particular en c&#243;mo la crisis&#8212;entendida en Puerto Rico no solo como econ&#243;mica, sino tambi&#233;n ambiental, migratoria e identitaria&#8212;es metabolizada, interrogada y cuestionada a trav&#233;s del cuerpo en escena. Sus espacios de indagaci&#243;n transitan entre el archipi&#233;lago y la di&#225;spora, habitan tanto los escenarios tradicionales como las protestas callejeras, y se desplazan de lo personal a lo pol&#237;tico.</p>
</sec>
<ref-list>
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